Miércoles 20.06.2018

JAIME VILA | EXDIRECTIVO DEL CLUB DEL MAR

“A día de hoy no lo tengo muy claro, no sé si me he ido o me han forzado a marcharme”

Jaime Vila Parada (1954) no se anda por las ramas a la hora exponer las causas de sus desavenencias y posterior abdicación.

 

Jaime Vila Parada
Jaime Vila Parada
“A día de hoy no lo tengo muy claro, no sé si me he ido o me han forzado a marcharme”

Jaime Vila Parada (1954) no se anda por las ramas a la hora exponer las causas de sus desavenencias y posterior abdicación. Jaime, cuya misión en la junta directiva era la de coordinador general, planteaba su temor a que la rutina acabase por llevar al Club a un terreno que no era el deseado, asegurando además, que nunca buscó relevancia, ni el aplauso ni la palmada en la espalda, sino trabajo en común y beneficio común y no de uno solo. Y las consecuencias ahí están. Atrás se quedan aquellas elecciones exitosas del pasado mes de diciembre y las manifestaciones del presidente Ángel Garmendia que no comparte en absoluto.

La pregunta del millón que se hace todo el mundo; Jaime, ¿por qué ha dimitido?
A día de hoy no lo tengo muy claro. No sé si me he ido o me han forzado a marchar.

SINCERO Si no éramos capaces de organizar la junta directiva, el club...

 

¿Tiene una fácil explicación todo lo que ha ocurrido tras las elecciones?
La realidad es que llevo diez años persiguiendo un cambio en el Club del Mar y después de las 3 ó 4 reuniones de la junta directiva llegué a la conclusión, y así lo expuse en su momento, de que no estábamos yendo por el camino correcto. Entonces expuse que si ya no éramos capaces de organizar la propia junta directiva, cómo íbamos a planificar el Club del Mar.

¿Le hicieron caso o hicieron oídos sordos?
Recomendé que parásemos, que meditásemos las cosas y que nos pusiésemos en marcha con los principios éticos que nos habían llevado a estar ahí exigiendo las responsabilidades que se debían exigir, cambiando lo que hubiese que cambiar al ver  que ese camino no se iniciaba y los plazos pasaban. Para exigir cosas a la directiva saliente era necesario utilizar el mes de enero y para organizar, de acuerdo con los estatutos el propio régimen interno, había que hacerlo también en enero y nada de eso se hacía. Se salía del paso parcheando cosas, sin aprobar incluso el organigrama de la junta directiva. Aquello no tenía futuro y apunté que por ese camino no íbamos a ninguna parte, que estábamos perdidos. Que si parábamos y nos planteábamos comenzar de nuevo, que adelante.

¿Causó efecto esa recomendación?
Yo veía que la junta directiva funcionaba con la opción de ensalzar la figura de una persona y lógicamente esa no era la solución. El camino era trabajar para el Club del Mar y para el conjunto de la junta directiva. Si esto no se cumplía, yo me marchaba con toda la discreción posible o con las condiciones que me quisiesen imponer, pero no quería colaborar en algo que llevo concibiendo desde hace diez años por un cambio profundo en esta sociedad y que observaba que no se hacía. Después de eso, en la segunda reunión de la junta directiva, se me puso entre la espada y la pared puesto que yo siempre dije que me podía marchar pero no el presidente ya que estatutariamente hay que convocar nuevas elecciones. Y yo no estaba por esa labor. Prefiero marcharme. Considero que la gente que hay en la junta y que yo elegí, están muy capacitados para seguir adelante. Por lo tanto, si yo era un estorbo para alguien en concreto, tenía que bajarme del carro y no pasaba nada.

¿En las conversaciones previas no se abordaron estos temas que han resultado, según se observa, claves para las posteriores decisiones?
Claro que se abordaron. Y al principio yo establecí un pacto con Garmendia cuando le propuse ser presidente para aquilatar las labores de cada uno. Una vez que ganamos las elecciones, él consideró que aquilatar esas labores tal como habíamos pactado, era ser un monigote de no sé quién. Me daba la impresión de ser un empleado suyo. Pienso que todos éramos iguales, todos con unas ideas muy válidas y cuando eso se pretende tergiversar me planto con la idea de volver a hablarlo y comenzar de nuevo. Pero veo que no es posible y ante eso se me plantea un órdago. Pues aquí paz y después gloria, que yo no vine a figurar ni a estar aquí por estar. Yo vine a trabajar, cambiar los principios y mantener una ética que pienso no había en directivas anteriores en cuanto a trabajo, funcionamiento, contrataciones, convenios, etc. Si eso desde el principio no empieza a funcionar así, lo planteo y se me pone en la disyuntiva de aceptarlo o no y es ya cuando decido abandonar. 

“A día de hoy no lo tengo muy claro, no sé si me he ido o me han forzado a marcharme”
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