Lunes 17.06.2019

De notable a insuficiente

Paso atrás en las aspiraciones de mejoría del Basquet Coruña, en una temporada marcada 
por las lesiones, pero más por la ausencia de una identidad y una filosofía de juego definidas

Aranzana intentó corregir el negro arranque (1-9) con defensa, pero el cambio no tuvo continuidad  | pedro puig
Aranzana intentó corregir el negro arranque (1-9) con defensa, pero el cambio no tuvo continuidad | pedro puig

Cinco victorias por encima del descenso y la misma distancia respecto a los playoffs. El resumen perfecto de la decepcionante temporada de un Basquet Coruña que, sobre el papel –y en las miras de la directiva–, apuntaba bastante más alto.


Decepcionante con algunos matices eximentes. Pero también agravantes. En el primer capítulo, las lesiones; en el segundo, la falta de identidad. El primero en caer fue Monaghan, en la segunda jornada. Luego le siguieron Carlos Martínez, un Ogbueze que pasaba por su mejor momento y Quinton Stephens –junto con Bulic lo mejor de la temporada–, martirizado primero por la espalda y después por una rodilla, dolencia que acabó con sus huesos en el quirófano. 


Ninguno de los tres primeros acabaría ofreciendo lo que de ellos se esperaba. El coruñés y el internacional nigeriano al menos cumplieron, no así el genio de Illinois, irreconocible durante todo el curso, sobre todo en una fase de media docena de partidos en que anotó un solo tiro de campo de 34 intentos. Increíble hasta para un jugador de cuarta fila. La sensación es que nunca llegó a recuperarse del todo de la dolencia. Además, Jonathan Araujo pidió salir para buscar “nuevos horizontes deportivos”. Los encontró en su país natal...


Muchos problemas, sí, pero que no justifican los altibajos en la pista. Gustavo Aranzana inició el curso con un peligroso baloncesto desinhibidamente ofensivo. Y le salió rana: una sola victoria –ante el Ciudad de Valladolid en la jornada inicial– en las diez primeras jornadas. 

Sonrojo y reacción
El técnico pucelano reculó tras el sonrojante 93-59 en Granada. El resultado fueron cinco éxitos encadenados. Si en los diez primeros partidos su equipo había encajado una media 87.3 puntos, en los cinco siguientes bajó a 64.0. Una auténtica barbaridad. Sin embargo, la nueva filosofía careció de continuidad y el resto de la temporada dejó en la afición naranja un persistente regusto a no saber a qué jugaba exactamente su equipo. 


Además, se acrecentó, partido a partido, la tendencia a lanzar demasiado desde la larga distancia (sólo el Oviedo y el Betis intentaron más triples durante la fase regular), a pesar de contar con una muy buena batería interior. Tras la victoria ante el Araberri que cerró la primera vuelta, el Basquet Coruña no volvería a ganar en jornadas consecutivas hasta la tres últimas, resueltas con pleno. Con la primera de ellas, en Lleida –su pista talismán–, llegaría la salvación matemática. 

En Barris Nord, la ‘marea naranja’ supo levantarse, sólo seis días después, de El Gatillazo Histórico: el Castelló venció en Riazor (83-84) tras superar una desventaja de 21 puntos a falta de 6:44, una remontada de tal calado que no existe ni en los anales de la ACB ni en los de la NBA.

Nuevo proyecto
Dos días después del fin de curso, en el vitoriano pabellón de Mendizorroza, la directiva anunció la no continuidad de Aranzana. Queda por delante otro verano intenso, como prácticamente todos desde que aterrizó en Oro un club en permanente (re)construcción deportiva. La institucional –conversión en SAD– va por muy buen camino. Si la directiva continúa mirando la ACB como un puerto cercano, es hora de que ambas marchen a la par.

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