martes 4/8/20

La estrella de España cumple su décimo aniversario

El derechazo de Andrés Iniesta en el minuto 116 de aquella inolvidable final contra Holanda coronó a la Roja campeona del mundo un día como hoy hace diez años
Iniesta, héroe
goleador de la final,
levanta el trofeo
que acreditaba a
España como campeona
del mundo
| Lavandeira Jr.
Iniesta, héroe goleador de la final, levanta el trofeo que acreditaba a España como campeona del mundo | Lavandeira Jr.

11 de julio de 2010. Estadio Soccer City de Johannesburgo. Fecha y escenario imborrable para la historia del fútbol español. Hoy se celebra el décimo aniversario del día en que la Roja alcanzó la cima del mundo.

España, tras noventa años de sinsabores, de encadenar decepciones y frustraciones, se proclamaba por fin campeona mundial. Un gol de Andrés Iniesta a los 116 minutos, con un disparo cruzado, sellaba el 1-0 sobre Holanda que coronaba a una generación dorada que ‘levantó’ Luis Aragonés para devolverla al cetro europeo dos años antes en Viena y que después guió con su templanza Vicente del Bosque.

Era un colofón a un Mundial al que España llegaba por una vez como sólida favorita. Resguardada en el título europeo obtenido en la capital austríaca, pero sobre todo en su fútbol combinativo que lideraban futbolistas como Xavi Hernández e Iniesta y por un grupo convencido de su modelo.

Fue el fin de fiesta glorioso a un torneo que empezó mal el 16 de junio de aquel 2010. España tuvo un inicio decepcionante en el bonito estadio Moses Mabhida de Durban. Derrota inesperada ante Suiza (0-1) con un gol casi de rebote de Gelson Fernandes.

Los internacionales españoles se conjuraron a partir de aquel momento, mantuvieron la confianza en un modelo y un estilo que estaba fuera de toda duda y, pese al incremento de presión, todo cambió en cuanto a resultados.

David Villa emergió en su faceta de gran goleador de la historia de la selección. La resurrección, el despertar de la Roja, fue un hecho. Lo corroboró un doblete ante Honduras del asturiano en el estadio Ellis Park, en el que la mítica selección sudafricana de rugby y Nelson Mandela celebraron el título mundial en 1995.

Y se confirmó con el pase a octavos tras ganar a Chile en el Loftus Versfeld de Pretoria (2-1). Villa, de nuevo, e Iniesta firmaron el difícil triunfo ante la Roja sudamericana.

La andadura española no fue ni mucho menos fácil a partir de ahí. Resolvió todos sus encuentros por 1-0, con muchos más apuros que lo que su fútbol y su mando en los partidos decía.

Villa ‘ajustició’ a la Portugal de Cristiano Ronaldo en octavos en Ciudad del Cabo y en Ellis Park a Paraguay en cuartos, aunque ante el cuadro de Gerardo ‘Tata’ Martino la figura de Iker Casillas fue determinante, al detener un penalti a Óscar Cardozo con 0-0 en el marcador.

Superado ese histórico escollo de cuartos de final, que en la Eurocopa habían rebasado tras la tanda de penaltis ante Italia, los jugadores de Del Bosque se liberaron aún más. Crecieron incluso. En la semifinal, ante la todopoderosa Alemania de Joachim Löw, otra vez en Durban como sede, cuajaron el mejor encuentro del torneo.

Mereció un resultado más amplio España, pero le valió con un remate de cabeza a un córner botado por Xavi Hernández del ‘Tarzán’ Carles Puyol. Una jugada que ya ambos habían practicado en el Barcelona. Y con éxito. El gol conseguido a los 73 minutos otorgó la recompensa merecida y ansiada tras tantos años.

España se metía en la final, que se disputaría cuatro días después, con otra eterna aspirante, pero con mayor experiencia en estas lides, como Holanda. 84.490 espectadores ‘in situ’, con mayoría de seguidores de la ‘oranje’, pero todo un país detrás arropando a Del Bosque y sus chicos.

El fútbol estuvo con España ante una Holanda desconocida, que tuvo que recurrir en más de una ocasión a las brusquedades para frenar a un rival superior -como la patada en el pecho de Nigel de Jong a Xabi Alonso-, aunque fueron suyas las oportunidades más claras.

Ahí de nuevo apareció Iker Casillas, sobre todo en una a los 62 minutos en la que, milagrosamente, sacó su bota derecha para salvar un mano a mano con Arjen Robben, al que arrebató otro balón cuando trataba de rebasarle.

No podía ser de otra forma. Dramatismo elevado a la enésima potencia. Ni el fútbol de España ni las contras holandesas pudieron desnivelar el partido, que marchó a la prórroga. Tampoco esta provocó desequilibrio hasta que llegó el minuto 116 y el derechazo de Iniesta que encumbró el sueño de todo un país. l

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