domingo 9/8/20

Riazor, del alto riesgo al silencio del nuevo fútbol

Nada que ver con el ambientazo de un Depor-Sporting
Una de las pancartas de Riazor contra el fútbol moderno | Pedro Puig
Una de las pancartas de Riazor contra el fútbol moderno | Pedro Puig

La ‘nueva normalidad’ futbolística cambió el ambiente caldeado de un Deportivo-Sporting, declarado de alto riesgo, por la calma absoluta en los aledaños y la grada del Estadio Abanca-Riazor, que reabrió sus puertas para los equipos, pero las mantuvo cerradas para los aficionados.

A los aficionados del Deportivo, que antes de la COVID-19 lograba reunir a más de 25.000 seguidores en su estadio, y también los del Sporting, que solía desplazar a la ciudad herculina a unos 2.000, no les quedó otra que verlo por la tele. En casa o en alguna cafetería.
En un día normal de fútbol, los autobuses habrían sido recibidos por una multitud dos horas antes del partido, probablemente con bengaleo, cánticos y mucho ruido, aplausos para unos, abucheos para otros. No en la nueva normalidad.

El Deportivo ni siquiera llegó al Estadio por donde suele hacerlo, el Paseo Marítimo, y sus jugadores tampoco accedieron al campo por Tribuna, por la calle Manuel Murguía, sino por la Avenida de la Habana, desde la Ronda de Nelle. El vehículo se dirigió al Palacio de los Deportes, y accedió por donde están las taquillas que otro día presentarían cola y que esta vez no despacharon billetes.

Tampoco abrió la tienda oficial del Deportivo, para la que sería día grande de ventas. Sí lo hicieron la mayoría de las cafeterías de la zona, algunas con aficionados, pero a cuentagotas, comparado con las jornadas de fútbol previas al coronavirus.

Una veintena de deportivistas fueron testigos de la entrada de los buses de los equipos, primero del local y, pocos minutos después, del visitante.

Otros seguidores escogieron una de las rampas de acceso a las localidades de Pabellón Superior para ver cómo se bajaban los jugadores de los autocares y accedían al césped.

Antes de cruzar la puerta, las dos expediciones, con mascarillas y guantes, pasaron el control de temperatura.

Dentro, la soledad de un Riazor sin público, aunque el speaker, José Luis Núñez, se afanara para que lo escucharan los jugadores que estaban en el campo y los que se quedaron en la grada porque no estaban convocados.

En el palco, se situaron representantes de las directivas del Deportivo y del Sporting de Gijón. El resto de los asientos, vacíos. Tras el minuto de silencio por las víctimas de la COVID-19, con música instrumental de la Rianxeira en lugar del ‘Negra sombra’ habitual, el balón echó a rodar sin ambiente de fútbol, del ‘nuevo’ fútbol, como reflejaban algunas pancartas fuera.

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