Lunes 19.11.2018
DEPORTIVISTAS DE AYER

José Ramón, el chico de Carreira que alzó el primer título del Deportivo

El solo nombre de José Ramón González Pérez (Carreira,  20-V-1968) evoca grandeza en el RC Deportivo, el club de toda la vida de un delgaducho chaval de Carreira (Ribeira) que contribuyó al crecimiento de una entidad a la que brindó su clase para prosperar en la élite estatal y europea.
 

El exjugador blanquiazul y entrenador posa para las cámaras de este diario en las instalaciones del hotel Áttica 21 de Matogrande | quintana
El exjugador blanquiazul y entrenador posa para las cámaras de este diario en las instalaciones del hotel Áttica 21 de Matogrande | quintana

Partícipe de gestas del calado de la salvación en la campaña 87-88, el ascenso en la 90-91, el subcampeonato de Liga de la 93-94 o el primer título oficial —levantó la Copa del 95 en condición de capitán—, desgrana su carrera profesional con nostalgia para dxt.
 En una agradable conversación de casi dos horas de duración el ‘eterno 8’ blanquiazul rememora para este diario sus principales vivencias tanto como futbolista como también de entrenador, analizando de modo somero el presente y futuro del fútbol.
Como la práctica totalidad de los niños de aquellos años en los inicios de los ‘setenta’, José Ramón comenzó a darle patadas al balón a las puertas de su casa. “Empecé jugando en la calle porque apenas había instalaciones, equipos; en el colegio, con los amigos del pueblo. Teníamos la fortuna de tener un campo de fútbol al lado de casa y disfrutábamos mucho. Mi primer equipo fue el Carreira, a los 14 años”, destaca.
Los éxitos cosechados con un conjunto tan modesto no pasaban desapercibidos a más de 100 kilómetros, en A Coruña, donde ya se fijaban en sus evoluciones.
“En el Carreira teníamos una generación de jugadores muy buena de infantiles y juveniles. Vas ganando torneos y ligas y la gente se preguntaba qué pasaba en este equipo. Llega la noticia hasta Coruña. Vengo a probar con 17 años y a Luis Ucha le gusta mi juego. Decidieron quedarse conmigo pero a mí no me gustaba mucho esto y me volví para casa. Echaba de menos a mis amigos y al entorno y me fui para casa. Ucha me volvió a llamar al año siguiente y ya decido quedarme en los Juveniles en Liga Nacional”, prosigue.
Dicen que los inicios siempre son duros y no lo serían menos para este chaval de pueblo, algo enclenque, que recibía auténticas palizas físicas casi a diario en A Coruña.
“Estábamos en una pensión seis compañeros, todos del RC Deportivo, gente de diversos puntos de Galicia pero seguía resultando duro para mí porque los entrenamientos eran muy exigentes. En el Carreira solo entrenábamos los viernes y se me hacía muy fuerte. Aquí era práctica diaria y a nivel de cansancio lo pasaba mal, pedía ‘papas’ y al llegar a la residencia solo quería cama”, recuerda entre risas.
El club herculino atravesaba tiempos de zozobra tanto en el plano institucional como en el estrictamente deportivo; paradójicamente, la crisis catapultó a la primera línea de batalla a un grupo de infantería proveniente del Fabril.
“Estuve en el Juvenil un año, en el Fabril otro y al sexto o séptimo partido del año siguiente ya me fui para el Deportivo en la 87-88 —debutó ante el Granada—. El Depor no iba bien y desde el Fabril ascendimos unos cuantos. Hubo un ‘loco’, Luis Rodríguez Vaz, que apostó por esta gente entre la que me incluía yo. Tenía 19 años y me tocó jugar mucho; para mí fueron momentos buenos pero el equipo pasó el riesgo de poder haber desaparecido”, reflexiona.
Aunque los refuerzos del filial le vinieron como agua de mayo al club, un sector de la plantilla no los recibió con los brazos abiertos.
“No sentó demasiado bien a los veteranos. Hubo dos personas que nos ayudaron mucho: Portela y Jorge. Este último ayudaba más al pobre que al rico, al que tenía necesidades, al más débil”, se sinceró.
A pesar de que proporcionaron una gran dosis de clase al vestuario herculino, ninguno de los dos hermanos González Pérez —Fran y José Ramón—, recibió un trato de favor por parte del plantel.
“A Fran y a mí no nos trataban como futuras estrellas en absoluto; antes los novatos estábamos callados, en una esquina. Tú te dabas cuenta de que debías tener determinado comportamiento, te respetaban pero cuidado a cómo actuabas. En el campo te faltaban un poco más al respeto porque eras como un conejillo de indias. No podías vacilarlos en ningún aspecto, con regates o en los rondos, tenías que estar ‘tranquilito’. Ahora los jugadores jóvenes llegan con otros aires”, dijo.
Aunque dio el salto a la fama muy temprano, José Ramón intentó siempre que el éxito no se le subiese a la cabeza. “La infancia te marca mucho, los familiares, profesores, amigos... Soy humilde pero no soy tonto, soy currante y tuve buena actitud. Había compañeros a los que les encantaba salir. Por ejemplo, Chema era un ‘crack’ pero al final casi más importante que las cualidades es tener cabeza”, prosiguió.
Uno de sus mentores en el fútbol profesional como Arsenio Iglesias también fue un referente en la prudencia. “Era sencillo, trabajador, no le gustaban las cosas raras, estrafalarias. Nos ayudó mucho a tener la cabeza fría. Era muy humilde pero no creo que demasiado ambicioso. Con él había muy buen equipo pero quizás en la 99-00 había mejores jugadores”, precisó.
Acerca del presidente que cambió radicalmente la historia del club, Augusto César Lendoiro, el mayor de los González tiene palabras de afecto para el ‘sempiterno’ mandatario.
“La relación con él era al acabar el partido, bajaba casi siempre al vestuario y estaba ahí; hablaba con nosotros, nos animaba, incluso cuando habíamos perdido, no se ponía nervioso nunca”, indicó.
La icónica imagen alzando al cielo la Copa del Rey de 1995 —primer título oficial para el fútbol gallego— se mantendrá indeleble en su retina. Y en la del deportivismo.
“Nunca llegué a imaginarme levantar la Copa del Rey del 95, no nos habían preparado para ello, fuimos aprendiendo y fue la hostia”, concluyó.