Martes 25.07.2017
Zeltia Regueiro
16:19
17/07/17

PREMONITORIO

Serena ya lo predijo con milimétrica convicción hace dos años. Y Garbiñe Muguruza ha cumplido su profecía. No sabemos si la menor de las Williams suponía que la que iba a hincar la rodilla era su hermana, pero ni el mismísimo Nostradamus habría podido rubricar con mayor exactitud las palabras que entonces pronunciaba la estadounidense ante la tenista española, vencida en la final del torneo londinense en 2015. “No estés triste, dentro de muy poco estarás aquí, ganando el título”, le dijo entonces.

Dos años después, con 23 años y un Roland Garros en sus vitrinas logrado precisamente ante Serena, Garbiñe lograba frente a Venus otro ‘Grande’ en un partido en el que fueron clave las dos bolas de set salvadas cuando la norteamericana ya acariciaba su primer punto.

El segundo fue un monólogo de la española, que olió la sangre y fue a por todas.

"Quizá solo era necesario que Garbiñe Muguruza creyese ella, y no el resto, para lograr esta gesta"

El final, quizá menos lucido debido a que se decidió en el ojo de halcón, no desmerece para nada la actuación de una tenista mayúscula y que supo templar los mismos nervios que hace dos años la terminaron atenazando.

Parte de esa tranquilidad parece habérsela brindado Conchita Martínez. Con ella empiezan las coincidencias. La tenista, que también ganó Wimbledon con 23 años a Natalia Navratilova, de 37 (curiosamente la misma edad que Venus), lo hizo exactamente hace 23 años. Parece que el círculo se cierra y la capitana de la Copa Confederación y del equipo de la Copa Davis, entrenadora de Garbiñe debido a la baja por paternidad de su técnico habitual, Sam Sumyk, termina aquí su trabajo. Aunque Muguruza se acordaba en la celebración del título de Sumyk, es inevitable afirmar que Conchita ha influido en la consecución de un título cuyas quinielas incluían a la tenista española, aunque con la boca pequeña, tras una temporada sin grandes titulares pero con buen juego en la sombra. Quizá solo era necesario que creyese ella, y no el resto, para lograr esta gesta.

“Si puedes confiar en ti mismo cuando los demás dudan de tí, pero al mismo tiempo tienes en cuenta su duda; si puedes esperar y no cansarte de la espera”.

(If, Rudyard Kipling)