Jueves 18.01.2018
Pablo García-Ramos
20:34
04/01/18

¿DÓNDE ESTÁ LA SOLUCIÓN?

¿DÓNDE ESTÁ LA SOLUCIÓN?

Dirigir un club con la solera del Deportivo y con más de 25.000 socios, no es nada fácil. Manejar los hilos de este Club que históricamente ha transitado entre la división de oro y plata y que recientemente vivió una década dorada, todavía es más complicado porque esos días de vino y rosas trastocan la percepción de los aficionados.

Los más antiguos recordarán partidos a vida o muerte para mantener la categoría o pelear por el ascenso contra equipos como el Ensidesa o Baracaldo. Quizás a quienes han crecido a la vera del Súper Depor todo esto  les suene extraño pero fue cierto. La etapa más brillante del cuadro blanquiazul se vivió con Augusto César Lendoiro al frente. Él lo llevó a ser uno de los equipos más grandes de las competiciones nacionales y a ser un rival temible en toda Europa, algo inimaginable tal y como está el fútbol actual. Lo normal es lo que pasa ahora y no lo que pasó en los noventa.

En la búsqueda de esa excelencia perdida se afana el Consejo de Administración desde su aterrizaje en la Plaza de Pontevedra. Primero para salvar una delicada situación económica que puso en peligro la supervivencia del RCD, cuestión que si bien está encauzada todavía funciona como una seria amenaza de futuro.

La segunda intención fue construir una plantilla solvente para mantenerse en Primera División y poder remontar la crítica situación que vivió el Depor. En esta tarea surgieron los evidentes problemas achacables a la falta de liquidez que no permitían armar un buen plantel. Se tocaron casi todos los resortes posibles (cantera, entrenadores, jugadores) sin que los resultados fueran los deseados. Una y otra vez se cerraba la temporada con más pánico que suspense.

En esta ocasión se ha pulsado la tecla del director deportivo, Richard Barral, uno de los pocos del staff que quedaban por mover. Para muchos aficionados su dimisión debería de estar ligada al cese de Garitano, su apuesta más personal, cuando éste fue desalojado del banquillo blanquiazul.

En mi opinión, no le falta razón a Barral cuando afirmaba en su despedida que la plantilla actual es la mejor de estos últimos ocho años. Yo añadiría que los jugadores tienen la suficiente calidad como para defender la categoría sin sobresaltos.

Sin embargo los resultados no corroboran esas expectativas y las preguntas siguen en el aire. Cuando se han activado todos los resortes habidos y por haber para reavivar al conjunto ¿qué habrá que modificar para enderezar la marcha del equipo? La respuesta sigue en el aire pero una inestimable ayuda pasaría por exigir un mayor sacrificio a los jugadores y, fundamental, solicitar paciencia a los socios para construir un proyecto de futuro sólido (y sosegado) capaz de transmitir ilusión a la afición.

¿DÓNDE ESTÁ LA SOLUCIÓN?