Jueves 23.11.2017

BOXEO

Empate incomprensible

La discutible decisión de los jueces empaña una pelea memorable

Los púgiles durante la pelea (EFE)
Los púgiles durante la pelea (EFE)
Empate incomprensible

Hace semanas, algunos aficionados al boxeo denominaron como farsa el evento protagonizado por Mayweather y McGregor. Ahora será duro para ellos asimilar que en un combate verdaderamente bueno, como ha sido el que enfrentó este fin de semana a Saúl "Canelo" Álvarez y Gennady "GGG" Golovkin por el título de los pesos medios, la controvertida decisión de los jueces (un empate absolutamente injusto para los méritos del púgil kazajo) empañe irremediablemente lo vivido. Tal vez cosas como ésta sí sean verdaderamente negativas para el noble arte. ¿Acaso este resultado no parece extremadamente propicio para una millonaria segunda parte?

Antes de este auténtico combate del año, los expertos vaticinaban que el estilo presionante de Golovkin favorecería los contragolpes del Canelo. Y que en un duelo marcado por la excelente pegada de ambos, el mexicano necesitaría exhibir su mayor pericia defensiva, rehuyendo el cuerpo a cuerpo con el demoledor GGG. Acertaron sólo a medias, porque Álvarez vivió más tiempo del deseable contra las cuerdas, pero a pesar de recibir unos durísimos impactos de Golovkin, que siempre dominó el centro del ring y no le dejó respirar, el de Jalisco exhibió una mandíbula granítica, llegó totalmente entero al final de la pelea. De hecho se mostró rápido y peligroso en todo momento, aunque quedó claro que para noquear a Golovkin habría necesitado un revólver.

En los dos primeros asaltos, Canelo se movió con destreza e hizo lucir mal a su rival, que lanzó pocos golpes y falló casi todos. Pero a partir de ahí Golovkin, superando el handicap de tener ocho años más que su rival, empezó a soltarse, a lanzar combinaciones y a hacer daño al mexicano, cada vez más estático y más expuesto al insistente jab de GGG y a unos explosivos crochets de derecha.

En los diez siguientes asaltos, el kazajo pareció superior en 8 (la excepción fueron el décimo y duodécimo), lo que no hace otra cosa que añadir confusión al veredicto final.

Empate incomprensible